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El Canto...
El canto del gallo rojo recorría la mañana
y el viento movía de un lado a otro
las hojas que se acumulaban de noche
en el patio.
Adentro, una mano dormida
pantallaba el brasero -en esos tiempos
las estufas eran un artículo de lujo-
y mi padre discutía de dinero con mi madre
que lloraba y decía: «No alcanza para nada».
La pava hervía sobre la hornalla de la cocina a leña.
Mi padre insultaba a mi madre y luego
tomaba uno o dos mates que no acababa
y salía de la casa.
Yo le pregunté a mi madre
pero ella estaba demasiado ocupada llorando
y nunca supe qué lo preocupaba
hasta que ya fue tarde
Ellos jamás hablaban del futuro
porque estaban atados de manos y pies
a las deudas del almacén.
Yo recuerdo el piso de tierra
la lámpara a kerosén
el vidrio roto de la ventana de la cocina
y la lluvia que salpicaba en el patio
y adentro en la casa
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